Algaraklown: Sonrisas para sanar
 Medikuen Ahotsa

Algaraklown: Sonrisas para sanar

Reportajes

Cada semana el Hospital Universitario de Donostia recibe la visita de un alegre dúo, que a pesar de vestir bata blanca, poco tiene que ver con la medicina. Hablamos de los integrantes de Algaraklown, un grupo de 8 payasos de hospital que visitan semana a semana las habitaciones de los más pequeños con la intención de transformar sus emociones y ayudarles en su recuperación.

GALERIA: ALGARAKLOWN


La asociación Algarakown nació hace tres años en Donostia, aunque una de sus fundadoras soñaba desde hacía años con este proyecto. Amparo Miguel, artista plástica y profesora ya jubilada de la UPV-EHU, descubrió a los payasos de hospital hace años, cuando comenzó a formarse en clown. En uno de los cursos coincidió con un payaso de hospital de Valencia, una de las primeras ciudades que contó con este servicio, y se quedó prendada de su labor. Deci­dió entonces que en cuanto se jubilara (le faltaban un par de años) crearía el proyecto en San Sebastián; mientras tanto, se formaría tanto en clown como en clown de hospital. En uno de sus últimos cursos en Madrid, el destino quiso que se topara con Saioa Ai­zpurua, otra donostiarra que asistía a clases de clown de hospital con la misma inquietud. Se unieron y lo­graron cumplir el sueño de ambas.

Los inicios no fueron fáciles. Además de multitud de papeleos para poner en pie la Asociación, lo primero que debían hacer era formar a personas interesadas en el proyecto, con el fin de crear un grupo de paya­sos profesional y consolidado. Tal y como nos explica Amparo, la formación es fundamental para convertir­se en payaso de hospital, porque “el clown de hospital no es como cualquier payaso: es cierto que tiene todos los complementos de un payaso, pero, sobre todo, es un payaso tierno. No es un payaso burlón, ni agresivo, es un payaso que mira a los ojos, que escucha, que no avasalla y que respeta los espacios y las emociones”.

Aliviar el estrés y la depresión

Los payasos de hospital cuentan con un código deon­tológico que deben interiorizar y ciertas normas de conducta que les permiten actuar correctamente en un escenario como el de una habitación de hospital

Gotita, como se hace llamar Amparo en cuanto se cal­za sus leotardos de colores, “no entra a hacer reír, eso lo puede hacer otro payaso, un mago… Los payasos de hospital entramos a sanar, entramos a cada habita­ción para darle a ese niño o niña lo que necesita para que pase un rato olvidado de lo que tiene”.

“Es importante darse cuenta de que con la llegada al hospital se han desprendido de muchísimas cosas sin ellos quererlo: de su ropa, de sus amigos, de su escue­la, de su comida, de su cama…” explica Amparo. “Por otro lado, ya no se hace lo que ellos quieren: están a la voluntad de lo que dicen señores/as que no cono­cen, que llevan una bata blanca y a los que deben obe­decer, deben “portarse bien”, como les indican una y otra vez sus padres. Esta situación hace que el niño se reprima tanto que en muchas ocasiones sufre estrés y depresión. Y esta mala gestión de sus emociones hace polvo al sistema inmunológico. Los payasos de hospi­tal intentamos transformar ese estrés, esa depresión, por estados de ánimo que les ayuden a verlo de otro modo”.

Amparo lee unas líneas del libro que ha traído bajo el brazo: “Nuestro sistema inmunológico está ligado a nuestra condición mental; es decir, según se encuen­tre nuestro estado anímico estaremos mejor o peor preparados para defendernos de los agentes patóge­nos. Existen estudios que apuntan al hecho de que de­terminadas células del sistema inmune son agredidas por la depresión y el estrés”.

Metodología

Para conseguir sanar, la única receta que emplean es la improvisación. A pesar de que cuentan con temas pensados para distintas edades, nunca saben cómo les acogerá el niño que espera tras la puerta, por lo que improvisan su actuación según el estado físico y anímico del niño. Antes de entrar a cada habitación, eso sí, el personal médico les informa sobre la edad del niño, qué enfermedad padece, en qué fase de la enfermedad está, etc. Y con esos pocos datos, la pareja de payasos de Algaraklown (porque siempre acuden en dúo) hace uso de su experiencia y trabajo de las emociones para realizar, cada vez, una función distin­ta, adaptada al niño o niña que les observa.

“La función está orientada a la risa, pero dentro de la risa, buscamos continuamente que sea el niño o niña quien lidere la actuación. Provocamos que se crean mejores (porque allí no lo son), que nos digan lo que tenemos que hacer (porque allí nadie les hace caso) y que ellos sean los listos y nosotros los tontos (porque allí los listos son los médicos). Podría decirse que in­tentamos devolverles el rol que tienen fuera del hos­pital”.

Sin embargo, al contrario de lo que se podría esperar, no todos los niños les acogen con los brazos abiertos. “Dentro de este estrés que sufren los niños, se crea mucha mala leche, mucha frustración. Hay niños que no nos aceptan, que nos piden que nos marchemos, porque están rabiosos, dolidos con lo que están vi­viendo… Sobre todo sucede con los más mayores. Entramos a las habitaciones preparados para esto, porque nuestro objetivo no es hacer una función de principio a fin, sino trabajar sus emociones, hacer lo que ellos quieren. Recuerdo el caso de una niña que nada más entrar nos rechazó, estaba enfadadísima y quería que nos marcháramos. Intentamos animarla con distintos trucos y finalmente, acabamos creán­dole con globos una espada y un mosquito, para que lo aporreara. ¡No veas cómo lo hacía! A través de ese juego, logramos que nos diera toda su rabia”.

Los miembros de Algaraklown acuden el hospital una vez por semana y visitan a unos 20 niños/as. Les gustaría poder ampliar el servicio, pero “para tener más tiempo, necesitamos financiación”.

El mayor problema: la financiación

Algaraklown es una asociación sin ánimo de lucro. Los payasos que participan en las visitas semanales al hospital lo hacen sin recibir contribución econó­mica por ello. “Es complicado porque debemos com­paginar esta actividad con nuestro trabajo profesio­nal, familia, vida social… pero lo seguimos haciendo porque creemos en el beneficio de nuestra labor y esperamos que en un futuro pueda convertirse en un servicio integrado en el hospital”. Además de las ac­tuaciones semanales en el hospital, los miembros de Algaraklown se reúnen una vez al mes durante todo el día para ensayar.

Algaraklown cuenta con un convenio de colabora­ción con el Hospital, mediante el cual les trasmiten su apoyo a la labor que desempeñan. En términos económicos, reciben una ayuda económica de la Di­putación de 3.000 euros y otra de 900 euros del Ayun­tamiento.

“Evidentemente, es un presupuesto ajustadísimo que no nos llega para cubrir todos los gastos y mucho me­nos para que los payasos puedan cobrar algo por su labor. Por eso, ahora que el proyecto está consolida­do, vamos a comenzar a tocar las puertas de las em­presas vascas, para que apoyen y patrocinen el servi­cio y podamos continuar con nuestra labor e incluso ampliarla”. También animan a particulares a realizar pequeñas donaciones o a hacerse socio/a. “Toda ayu­da que recibamos servirá para afianzar el proyecto y ampliar las visitas al hospital”.

El sueño de Amparo es que Algaraklown puede con­vertirse algún día en un servicio integrado en el hos­pital. “Si tuviésemos más tiempo abarcaríamos más necesidades, pero el tiempo sólo nos lo puede dar la financiación. Es necesario que el servicio se afiance y pueda formar parte del hospital de una forma conti­nuada”.

Proyectos similares a nivel estatal

Proyectos parecidos gozan de mejor salud a nivel es­tatal, aunque la crisis se ha dejado notar. En el caso de Valencia, por ejemplo, la Diputación se hizo cargo del proyecto y llegó a haber en nómina 17 payasos que daban servicio a los hospitales de Castellón, Valencia y Alicante. La crisis recortó el servicio y hoy en día cuentan, sobre todo, con capital privado para finan­ciar la actividad.

Murcia es la comunidad donde el proyecto está más consolidado. Al igual que sucedió en Valencia, el Go­bierno de Murcia se hizo con el proyecto y hoy en día el Hospital de la Arrixaca cuenta con 4 payasos inte­grados completamente en su plantilla. Trabajan por las mañanas, cuentan con un busca al igual que el resto del personal médico y se adaptan a las necesi­dades que puedan surgir en cada momento. Además, uno de los servicios establecidos es el acompaña­miento del menor hasta el quirófano, incluso entran­do en él hasta que el niño se duerma y acudiendo al momento del despertar para que se sienta tranquilo. “Son momentos que suelen vivirse con mucho ner­viosismo, tanto por parte de los niños como por los padres. Los payasos ayudamos a que ese momento se viva con mayor tranquilidad”, afirma Amparo. “De hecho, los profesionales de Murcia dicen que ya no entienden el Hospital sin el servicio de los payasos. Esta es, sin duda, la fórmula que se debería conseguir en todos los demás hospitales”.

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MÁS INFORMACIÓN / / INFORMAZIO GEHIAGO

www. algaraklown.org

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