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Dr. Paulin Seijas: Me gustaría que este libro sirviera para que los médicos cambiemos ciertos gestos

Entrevistas

El médico enfermo: el latido al otro lado del fonendo cuenta la vivencia en carne propia de la enfermedad, vivida por el autor del libro, Jose Luis Paulin Seijas. Su condición de médico le ha hecho situarse precisamente en el lado en el que habitualmente no se sienta: el del paciente. Y desde ahí ha querido compartir “percepciones vividas y realidades aprendidas; algunas conocidas, otras sospechadas y muchas absolutamente desconocidas”, tal y como él describe. Seijas presentará el libro el día 20 de septiembre, jueves, a las 18:30 horas en el Colegio, en compañía de su compañero y amigo el dr. Daniel Zulaika.

 

  • ¿Cómo surge este libro?

Empecé a escribirlo una vez recuperado. Las personas de alrededor me animaron a hacerlo y aún tenía todo el proceso vivido muy reciente y de alguna forma necesitaba ordenarlo. Es curioso cómo escribir te ayuda a colocar cada cosa en su sitio.

  • Quien lo lea podrá comprobar que te has quitado la bata de golpe hasta quedarte desnudo.

Si, completamente. Quien tenga el libro entre sus manos encontrará muchas situaciones médicas en las he tenido que desnudarme, pero el desnudo emocional ha sido aún mayor. Es cierto que soy una persona a la que le gusta estar muy despierto, no perderme ninguna emoción o sensación de las experiencias que me toca vivir, aunque como en este caso resulten experiencias duras.   

  • El libro es una colección de sentimientos. Uno de los primeros que relatas es que te has sentido un “caso”.

Cada uno en su profesión tiende a “cosificar” a sus clientes o ciudadanos. En medicina no somos ajenos a esa realidad, de hecho, trabajamos con  “casos”: nos dedicamos a la tibia rota, la neumonía, la apendicitis… Eso es, en parte, inevitable en un sistema de salud público, por el volumen de pacientes que vemos y la falta de recursos y de tiempo; pero no debemos dejar de ver a la persona que hay destrás del “caso”, que tiene una problemática, unas características propias, un entorno que le rodea, un dolor y un sufrimiento. En este proceso que he vivido me he sentido un “caso” demasiadas veces, aunque también hay quien me ha mirado a mi, a Jose Luis.

  • ¿Qué han hecho unos y otros para hacerte sentir de una forma u otra ?

Una simple mirada puede hacernos sentir lo uno o lo otro. Cambiando pequeños gestos podemos hacer más humano y cercano nuestro trato con los pacientes. Por ejemplo, aunque hoy en día los médicos estemos totalmente condicionados por el ordenador, gestos como apartar el teclado un instante, poner nuestras manos encima de la mesa y mirar de frente al paciente nos acercan a él como persona y no como “caso”. También podemos finalizar la consulta preguntándole si tiene alguna duda, incluso utilizar el contacto físico si le vemos agobiado o preocupado… Parece obvio, pero al ritmo que trabajamos lo olvidamos demasiadas veces.

  • También te has sentido perdido, inseguro.

Yo tenía claro que me iba a enfrentar a este proceso como un paciente más, dejando de lado mi condición de médico. Creo que era un mecanismo de defensa: no quería saber, quería -o necesitaba- dejarme hacer. Pero he querido dejar la bata tan aparcada que eso me ha llevado a vivir situaciones casi ridículas. Recuerdo el momento del ingreso, que fue apoteósico: ¡cuántas veces les habré explicado yo a mis pacientes los pasos que debían dar para ingresar! Pues cuando me tocó a mi, allí que me fui, con mi maleta de ingreso, directo a la planta, sin pasar por adminisión, sin ningún papel, sin la pulsera de ingreso…¡nada! En ese momento me sentí realmente perdido, por no decir estúpido.

  • También te has sentido frustrado ante una frase que has escuchado demasiadas veces durante este proceso: “Ya te llamaremos”.

Totalmente. Ese “ya te llamarán” ha sido como un mantra en negativo. Cuando todo esto comenzó enseguida me di cuenta de que entraba en una fase de mi vida donde dejaba de controlar los ritmos: nada estaba en mi mano. Cada paso que debía dar estaba condicionado por un “ya te llamarán”. Recuerdo cuando el especialista me dio el volante para una resonancia para realizarla tres meses más tarde, a pesar de que ya había una sospecha fundada de que algo iba mal. Su explicación fue que el servicio de resonancias estaba sobrecargado. En ventanilla recibí otro “ya te llamarán, además hay tiempo hasta noviembre”, a lo que yo respondí que esa fecha se debía a la percepción del médico sobre el servicio de resonancias, pero que si había algún hueco antes me avisara (no indique en ningún momento mi condición de médico). Aunque salí de allí con otro “ya te llamaremos”, la llamada no tardó en llegar y me dieron fecha para la resonancia para 11 días después. En ese sentido creo que hemos ido para atrás: los pacientes que esperan “la llamada” viven en una espectativa continua.

  • Dices haberte sentido desamparado.

Sí, ese sentimiento lo tuve sólo una vez y no duró mucho tiempo, pero lo recogí en el libro porque fue a causa de algo muy fácil de solucionar. Fue después de la operación, en la zona de recuperación de la UCI. Me sentía muy bien tras la operación, había salido todo bien y me sentía cuidado, el personal era muy atento y amable y recuerdo sentirme muy bien, a pesar de no poder moverme y estar lleno de tubos. Pero al llegar la noche se hizo el silencio, quedó menos personal, como es normal, y reparé en un detalle: no disponía de timbre con el que llamar y comunicarme con el personal de allí. Pregunté por ello y me respondieron que no había timbre, pero que no me preocupara porque vigilaban constantemente mis monitores. Mi sensación de bienestar cambió de repente y me sentí agobiado, desamparado. ¿Y si durante la noche necesitaba algo? ¿Si sencillamente quería hablar, tenía dolor, compartir que estaba agobiado o tenía pesadillas? Al perecer no era el único que lo había planteado y las enfermeras de allí ya se habían inventado una solución: me dieron uno de los botes de plastico que se utilizan para la recogida de orina relleno de clips que harían ruido al agitarlo si necesitaba algo. Me quedé mucho más tranquilo y dormí toda la noche del tirón.

  • ¿Te has sentido en algún momento asustado?

No creo que me haya sentido asustado, pero sí preocupado. Por ejemplo, cuando recibí el diagnóstico. Lo que sucede es que en mi caso cada paso que daba me estaba acercando a la enfermedad y con mis antecedentes familiares intuía que esto tarde o temprano iba a llegar, por eso creo que estaba, de alguna forma, preparado. El momento en el que me dieron el diagnóstico fue, además, muy humano, tal y como lo reflejo en el libro: mi médico me hizo ese momento mucho menos duro, por gestos que recojo en el libro. Sí hubo otro momento en el que sentí preocupación: fue antes de la operación. Como médico era muy consciente de todo lo que podía complicarse una operación y me preocupaba, por ejemplo, que pudiera quedarme con algun problema crónico que pudiera ser un peso para mi familia o cómo sufrirían mis seres queridos si no salía de aquella.

  • Realizas también una reflexión sobre sentirse (im)prescindible.

Las personas con una vida frenética tendemos a pensar que va a ser todo un caos en el momento en el que no estés tú. Pero nada más lejos de la realidad: si no estás las cosas cogerán otro camino o se solucionarán de otra forma. Es importante darse cuenta de eso, entender que no eres imprescindible, porque te permite quitarte carga. Diría que ha sido una cura de humildad.

  • También relatas que te has sentido muy querido.

Sí. Es curioso cómo expresamos nuestras emociones en momentos muy concretos de la vida y de la muerte. En tu vida cotidiana presupones que las personas que tienes alrededor te tienen cariño, te quieren, pero la verdad es que me ha sorprendido todo el afecto que he recibido durante mi enfermedad, tanto de las personas más cercanas como de personas que creía más lejanas. Ha sido una suerte haber tenido la oportunidad de percibirlo.

  • ¿Ha sido dificil dejarse cuidar?

Sí, la verdad es que sí. Todo adquiere una nueva dimensión cuando el protagonista eres tú, y es lo que me ha pasado también con el cuidado. Y es que como médico ¡quién me va a decir a mi cómo y cuándo y de qué manera tengo que hacer las cosas! Pues me ha tocado obedecer, tomarme los medicamentos que me han dicho, admitir que no podía moverme y necesitaba ayuda, a mi, que he sido siempre muy autónomo y no me gusta nada molestar. Todo eso me ha hecho reflexionar mucho acerca de los cuidados, de las cuidadoras, a las que he dedicado un capítulo.  

  • Tras lo vivido, ¿te sientes curado?

Siento que he superado el proceso, pero curado, la verdad es que no lo sé. Están las revisiones, los controles… Creo que a partir de ahora seré médico y paciente para siempre.

  • Por último, ¿qué te gustaría conseguir con este libro?

El libro no nació con ningún objetivo, pero ahora que lo tengo entre mis manos me gustaría transmitir que no esperemos a momentos complicados de la vida para aprender a sentir y a disfrutar de la vida y nuestra gente; abramos nuestros poros y dejémonos abrazar por todo lo bueno que nos rodea.

En un plano más personal, por un lado, también me gustaría que sirviera para que las y los médicos pudieramos cambiar ciertos gestos y actitudes  y, por otro lado, para que la sociedad entienda que debajo de las batas también hay personas y que al otro lado del fonendo también hay un corazón que late.