Medikuen Ahotsa

Título: ¿Faustina sufre abandono?

Comité de Ética Asistencial

Esta mañana he recibido una llamada a la consulta del familiar de una paciente diciendo que su madre, Faustina, de 86 años, lleva dos días completamente trastornada y cree que se acerca el final. Todavía no conozco a Faustina. Hace tan sólo un par de días me he incorporado a este puesto cubriendo una baja. Me informo de que Faustina es diabética y hace tres meses estuvo ingresada por una infección urinaria. Volvió a casa con sondaje uretral permanente por imposibilidad de orinar de manera espontánea.

Al trasladarme al domicilio le he encontrado en la cama con signos evidentes de deshidratación. Abría los ojos cuando le hablaba, pero era incapaz de articular palabra. Ni en la valoración de la enferma ni en los informes previos he podido percibir la existencia de enfermedad crónica muy evolucionada o maligna.

Comento a su otra hija, con la que convive, que no creo que su madre esté en una situación terminal, y que considero que lo adecuado sería ingresarla al valorar que tiene muchas posibilidades de curarse sin medios terapéuticos agresivos. No obstante ella insiste, junto a su marido, en que es evidente que su madre está mal, que su calidad de vida es muy mala y que no merece la pena vivir así. Me dicen que nunca expresó su voluntad en el caso de hallarse en una situación como la actual, pero que la conocen bien y que es lo que ella desearía, y que ingresarla supondría aumentar su sufrimiento. Reitero la conveniencia del ingreso, y añado que, si no mejorase, siempre se le podrían retirar los tratamientos y enviarla a morir a casa. Les sugiero que lo consulten con el resto de la familia, tienen dos hermanos más, pero no acabo de convencerles. ¿Y si Faustina está sufriendo una situación de abandono? ¿Qué debo hacer?

Podría dejar la decisión en manos de un juez y lograr que la atendieran en el hospital mediante una orden judicial, o dejar la decisión en manos de los familiares, que, al fin y al cabo, son los que más conocen a la enferma.

Intentando huir de estos dos extremos, decido consultar con mis compañeros del ambulatorio el problema a ver si entre todos encontramos cursos de acción intermedios. Nos parece que podríamos proponer a la familia de la paciente un tratamiento activo en el propio domicilio y mientras propiciar una deliberación con todos los miembros de la familia. Los profesionales siempre les garantizaríamos minimizar el posible sufrimiento de la enferma aplicándole todos los tratamientos analgésicos y sedantes que pudiera precisar. La evolución de la situación de la enferma y el diálogo continuado con la familia podría modificar los distintos puntos de vista que mantenemos. Además, podríamos ponernos en contacto con Servicios Sociales por si necesitara ayudas externas.

Esta alternativa evitaría el sentimiento de abandono del paciente que puede tener el profesional, y a la vez tranquilizaría a la familia al garantizar la ausencia de sufrimiento durante el período de tratamiento.