Medikuen Ahotsa

Tu recuerdo vivirá para siempre, Doctor Arbide

In Memoriam

Quizás nunca pensé en escribir un in memoriam pero ahora y a la altura de mis años me toca escribir sobre recuerdos de personas que forman parte de mi historia.

La anterior vez que lo escribí fue en otra revista, para recordar a Mi Madre. En esta ocasión escribo para recordar y honrar de forma merecida la memoria de “Mi Jefe”, único jefe que he tenido en mi vida con voluntad de enseñarme a progresar en mi profesión elegida.

A Álvaro Arbide Bilbao, “Mi Jefe”, si por algo le recuerda cualquier persona que le conoció, es por su caballerosidad en el trato. No sé si caballero era antes de ir a la Gran Bretaña o se hizo caballero allí, aunque más bien pienso lo primero, con este grado de calidad humana bien creo que se nace.

Caballerosidad acompañada de importante dosis de sentido del humor: siempre recordaré cuando compartimos mesa en la cena de gala de un congreso celebrado en el Palacio de Miramar y sacó a relucir todo su humor inglés que nos hizo de lo más relajada la velada.

No era de contar muchas historias, pero alguna ya nos cayó en esas primeras horas de la mañana antes de pasar visita. Una de ellas fue el contratiempo al decidir volver a trabajar a Donostia y que en aduana le requisaron todo el material quirúrgico que se traía, para más tarde recuperarlo.

Tampoco era de dar consejos, pero consejos de experiencia personal y laboral ya nos dio. Tanto unos como otros se fueron confirmando como válidos con el paso del tiempo. Pero un consejo que sigo día a día, y que aprovecho yo para darlo, fue en lo profesional. Álvaro siempre se preparaba las intervenciones con antelación y, con papel y lápiz. Desarrollaba toda la intervención escribiendo todo el material que le hacía falta y todos los pasos a seguir. El resultado era que todas sus cirugías transcurrían en el tiempo previsto, un gesto ideal para evitar contratiempos, y a los que estábamos en sus intervenciones, asistíamos a cirugías “cortas y fáciles”. Un ejemplo eran sus rinoplastias, ¿quién en Donostia no ha oído hablar de ellas? Resultaba una cirugía corta y de una sencillez, que para nosotros sería un objetivo.

Los que le hemos conocido reconocemos su innegable dedicación y profesionalismo en el ejercicio de su querida especialidad. Siempre intentó crear en su entorno un ambiente de trabajo ameno y motivador. Toda la tranquilidad y profesionalidad conjugada con su simpatía inspiró a todo el que trabajó con el Doctor Arbide.

Sospecho que todos los pacientes que pasaron por su consulta, como todos los sanitarios que trabajaron con él tanto en el Hospital Nuestra Señora de Aránzazu, en Policlínica Guipúzcoa, el Instituto Oncológico o en el Hospital de la Cruz Roja tendrán del Dr. Arbide un grato recuerdo. No debemos olvidar que el Doctor Arbide fue pionero de la Cirugía Plástica en Guipúzcoa, abrió y desarrolló la cirugía plástica en este territorio.

Y por encima de todo no podremos olvidar esa sonrisa continua bajo sus gafas, sonrisa que será extrañada profundamente por todos los que le conocimos. Sonrisa que se acentuaba cuando hablaba de sus hijos durante las cirugías o durante los pases de visita. Nada que decir del nombre que aparecía a cada momento entre sus labios: Betty. Su esposa siempre estaba presente como esposa, colaboradora y compañera de las partidas de bridge.

Quizás Álvaro no quiso ser jefe de servicio ni pionero de su especialidad, pero tuvimos la suerte de que lo fuera.

Tu recuerdo vivirá para siempre.

Jose Manuel Santos, cirujano plástico y miembro de la Comisión de Deontología del Colegio