Medikuen Ahotsa

Homo videns, Homo Ludens

Reportajes

El prestigioso sociólogo y politólogo italiano Giovanni Sartori (1924-2017), escribió un interesante ensayo con el título Homo Videns, la sociedad teledirigida. Sartori fue  profesor en las Universidades de Florencia, Columbia, Harvard, Yale y Stanford, y en  2005 recibió el premio Príncipe de AsturiasEn el libro, hace una crítica inteligente e inevitablemente polémica, sobre la sociedad teledirigida  tras la llegada de la televisión.

Según Sartori, “El homo sapiens, producto de la cultura escrita se está transformando en homo videns, para el cual la palabra ha sido destronada  por la imagen. La primacía de lo visible sobre lo inteligible, lleva a un ser, sin entender, que ha acabado con el pensamiento abstracto”. Y afirma, que a finales del siglo XX el homo sapiens ha entrado en crisis, una crisis de pérdida de conocimiento y de capacidad de saber.

Sartori, examina el poder político de la televisión, la conversión del “video-niño” (como él lo denomina), en un adulto sordo a los estímulos de la lectura y del saber transmitidos por la cultura escrita; la formación de la opinión pública, y la cantidad y calidad  de saber que pasa y no pasa a través de los canales de comunicación de masas. Y se pregunta, “si ante el avance imparable de la edad multimedia, aparecerá una nueva forma de pensar”.

El rasgo diferencial del ser humano, del homo sapiens, con los primates, es su capacidad simbólica que le permite comunicarse mediante sonidos y signos provistos de significados. Para Ernst Cassirer el hombre es un animal simbólico; expresión con la que abarca todas las formas de la vida cultural del hombre.

El hombre reflexiona sobre lo que dice con palabras, y al hablar  no solo comunica sino que al mismo tiempo piensa y conoce, porque el lenguaje no es únicamente vehículo de comunicación sino también de pensar. El pensar no necesita ver, ya que aquellas cosas  en las que pensamos no se pueden ver, son solo una representación mental.

Hasta la invención de la imprenta (1440) la cultura y los conocimientos se difundían por transmisión oral; y es, hasta que los textos escritos por amanuenses son reproducidos, que no se puede hablar del hombre que lee. Este homo sapiens que es capaz de multiplicar con la lectura  su caudal de conocimientos es llamado el hombre de Gutenberg, con quien la transmisión escrita de la cultura se convierte en algo accesible a todos.

Entre los siglos XVIII y XIX con la llegada del periódico que se imprime diariamente (“el diario”), se llega a la culminación de la reproducción impresa. Desde mediados del siglo XIX en adelante aparecen nuevos y diferentes avances tecnológicos. Primero la invención del telégrafo, después la del teléfono. La radio añade un nuevo elemento de difusión inmediata en todas las casas; la radio es el primer gran difusor que no menoscaba la naturaleza simbólica del hombre, porque la radio habla, transmite con palabras permitiendo la representación mental de las cosas.

Libros, periódicos, teléfono, radio, son todos ellos elementos portadores de comunicación lingüística. La ruptura de esta comunicación lingüística simbólica se produce a mediados del siglo XX con la llegada de la televisión, donde la imagen prevalece sobre la palabra, y aquí el telespectador es más un “animal vidente” que un “animal simbólico”.

Lo que en opinión de Giovanni Sartori confirmaría, que la televisión está transformando al homo sapiens, producto de la cultura escrita, en el homo videns, para el cual la palabra está destronada por la imagen, porque hay una preponderancia de lo visible sobre lo inteligible. La televisión, a diferencia de otros medios de comunicación (prensa, radio), destruye más saber y más entendimiento del que transmite.

Baudrillard, filósofo y sociólogo francés, sostiene que la información a través de la televisión en lugar de transformar la masa en energía, produce todavía más masa. La televisión modifica y empobrece el aparato cognoscitivo del homo sapiens, que se ha convertido en alguien incapaz de comprender abstracciones  y de entender muchos conceptos. El homo sapiens, debe su saber y su entendimiento a su capacidad de abstracción. Las palabras son símbolos que evocan representaciones mentales con la imagen de cosas que hemos visto. En síntesis, todo el saber del homo sapiens se desarrolla mediante conceptos y elaboraciones mentales.

La televisión produce imágenes y anula los conceptos, y de este modo, atrofia nuestra capacidad de abstracción, y en consecuencia nuestra  capacidad de entender. Esto es lo que  sucede cuando el homo sapiens es suplantado por el  homo videns. El acto de ver secuencias de imágenes empobrece el entendimiento; el conocimiento mediante imágenes no representa un saber en el sentido cognoscitivo del término, ya que más que difundir el saber altera los contenidos del mismo; esto ocurre con la televisión, porque la imagen por sí misma da muy poca inteligibilidad. La imagen debe ir acompañada de explicación, y en la televisión esto se hace poco y mal, lo que  no sucede con Internet, porque aquí la imagen sí se acompaña de una amplia explicación. La cultura escrita (leer) y la cultura audiovisual (ver), si se hace de forma adecuada  dan lugar a una síntesis armoniosa, porque la palabra y la imagen se pueden combinar con resultado positivo.

 

Es bien sabido que la afición a la lectura está decayendo rápidamente, tanto en el lector de libros como en el de periódicos. En España un adulto de cada dos no lee ni siquiera un libro al año. En  EE.UU, en la última década los diarios han perdido una cuarta parte de sus lectores; sin embargo el tiempo dedicado a la televisión ha aumentado llegando en algunos casos a las 6-7 horas diarias. Lo que quiere decir que después del trabajo no queda tiempo para nada más: Siete horas de televisión, más 8 horas de trabajo, más 8 horas de sueño, ocupan las 24 horas. Cabe preguntarse si esto es una vida normal

 

Homo Ludens

Esta expresión fue utilizada por primera vez en 1938 por Johan Huizinga, en su ensayo sobre la función social del juego; admitiendo que sin cierto desarrollo de una actitud lúdica ninguna cultura es posible. 

La televisión entretiene y divierte, y eso está bien. El homo ludens, el hombre como animal que goza, que le gusta jugar, nunca ha estado tan satisfecho y gratificado en toda su historia. Esto es debido a la televisión espectáculo; y en este sentido sería una consecuencia positiva. Pero si la televisión transforma todo en espectáculo, entonces la valoración cambia en cuanto a que esto resulte positivo.

Neil Postman (1931-2003), crítico, escritor, pedagogo, teórico de la comunicación y profesor de la Universidad de Nueva York, en su libro Divertirse hasta morir, hace este análisis crítico del mundo de la televisión espectáculo: “La televisión ofrece a los espectadores una gran variedad de temas, requiere un mínimo de habilidad para comprenderla, y está dirigida sobre todo  a la gratificación  emocional. La televisión está dedicada totalmente a dar entretenimiento a la audiencia. Lo malo no es esto, sino que la televisión ha hecho del entretenimiento en sí el formato natural, y nos presenta todos los asuntos con una sonrisa (…). Lo realmente preocupante es la manera en que la televisión escenifica el mundo, la que toma el mando y dicta el modelo de cómo este se ha de organizar”.

Postman hace referencia en su libro, Divertirse hasta morir a la advertencia de Husley: “Lo que Huxley enseña, es que en la época de la tecnología avanzada es más fácil que la ruina espiritual provenga de un enemigo con cara sonriente que de uno cuyo rostro exuda sospecha y odio. Que cuando una población se vuelve distraída por trivialidades, cuando la vida cultural se redefine como una perpetua ronda de entretenimiento, cuando un pueblo se convierte en un auditorio y sus intereses públicos en un vodevil; entonces, una nación se encuentra en peligro, y la muerte de la cultura es una posibilidad.”

El homo sapiens, es y debe  ser también, homo videns y homo ludens, por supuesto; pero debe evitar que las nuevas tecnologías audiovisuales, a las que hay que añadir las plataformas de streaming, los “nuevos videoclubs” a la carta que permiten ver películas y series en cualquier dispositivo,  ocupen todo su tiempo libre; lo que haría imposible dedicar unas horas cada día a otras actividades culturales más enriquecedoras: lectura, música…, y a las necesarias y gratificantes relaciones sociales y familiares.

                                                                        

Dr. Francisco Muñoz García. Pediatra. (San Sebastián)