Medikuen Ahotsa

Reflexiones antes/después del coronavirus

Tribuna Abierta

Reflexiones antes del coronavirus

(Esto escribía antes del coronavirus, con motivo de los ataques a médicos y enfermeros/as por parte de los pacientes).

Un comportamiento humano, debe acompañar a cualquier actividad en defensa de la salud; sin este componente, por muy resolutivos que sean los resultados, no hay buena medicina.

Se dice que la profesión del médico es vocacional, la vocación motiva a quien la profesa, no hay vocación sin motivación. La desmotivación lleva a la pérdida de la vocación.

En un estado de bienestar, en el servicio a la salud, la buena asistencia sanitaria depende de todos los trabajadores de la Sanidad: directivos, oficinas, informáticos, recepción, mantenimiento, limpieza, médicos, enfermeras, camilleros, etc. etc. etc. todos tienen que ser conscientes de que están ocupando un lugar “X”, imprescindible, para la buena atención a los enfermos. Hay que motivar, más que exigir, todos, cada cual en su puesto, deben ser conscientes de que participan en algo tan profundamente humano como es el bienestar general en la salud.

Es evidente que para poder llegar a los mejores resultados, este equipo ha de estar dotado de los medios adecuados pero además, este pero es fundamental, bien organizados y bien dirigidos, aquí es necesaria la implicación de los políticos y presupuestos. La falta de medios, una mala organización y una mala dirección pueden ser causa de desmotivación con graves consecuencias.

Hemos avanzado en medios y conocimientos y, sin embargo, la satisfacción de los pacientes se ha deteriorado. En el proceso organizativo entre: centros; médicos y pacientes algo no se ha tenido en cuenta. Nos hemos dotado de medios sin la planificación y sin la motivación, adecuadas.  La cuestión está en el cómo acceder a esos servicios y en el cómo atender por parte del personal sanitario. Que urge reformar o retocar el modelo está claro. Los médicos son uno más, un eslabón en cualquier cadena de la que dependa la asistencia al paciente, eso sí, al médico se le responsabiliza de una correcta y humana atención, al menos así lo percibe el enfermo.

Está claro que existe una deficiente organización a la hora de aplicar los recursos y, solucionar esto es muy difícil; requiere un repaso minucioso de los diferentes pasos a recorrer por el paciente, esos caminos en muchos casos se complican, es frecuente que algo falle, lo fundamental es facilitar el servicio motivando a todos los que participan en  el recorrido y, para ello, se necesita una buena organización y medios, si eso no funciona, ello mismo, es causa de desmotivación.

Reflexiones después del coronavirus

Esta situación ha influido en la mejora de la autoestima de los sanitarios en general, todos se han sentido motivados en la lucha contra la pandemia, y así ha sido reconocido por la sociedad en general. Por otra parte, en cuanto a ciudadanos se refiere, su colaboración ha sido ejemplar hay que aprovechar para que, de alguna manera, hagamos ver lo importante que ha sido su cooperación y que esto sirva para comprender que muchas veces algunos problemas se deban al mal uso y abuso de las prestaciones sanitarias, entre otras los caos en urgencias.

Con la pandemia, han sido muchos los fallecidos por falta de medios asistenciales, medios y fallecidos están en clara relación, a más medios menos fallecidos. Debemos ser responsables de la situación de organización sanitaria con la que nos ha pillado la pandemia de esa situación, sin duda, ha dependido el mayor o menor número de fallecimientos.

En España en general, la pandemia nos ha puesto en evidencia, demostrando que nuestra sanidad de la que tanto presumíamos, no estaba tan preparada y era importante la falta de medios hospitalarios, desde años atrás, esto era evidente, bastaba con observar las dilatadas listas de espera y los colapsos en las urgencias para haber seguido mejorando las inversiones en sanidad y, sin embargo, algunas comunidades, lejos de mejorarlas disminuían sus presupuestos y privatizaban parte de sus servicios.

No se les puede responsabilizar de falta de previsión ante lo imprevisible, de lo que si son responsables es de no haber seguido una línea de nuevas inversiones y ampliaciones, aunque no sea más que por acabar con las listas de espera, con una sanidad más preparada, no nos quepa la menor duda de que, el número de fallecidos hubiera sido sensiblemente menor, se nos han muerto muchos conciudadanos por sus políticas de ahorro en sanidad, faltaban muchos medios. La respuesta ha sido diferente en las distintas comunidades autónomas del país, en relación con sus medios disponibles.

Muchos han fallecido por no haber sido trasladados al hospital debido al colapso producido por la pandemia, esto ha sido especialmente grave en las residencias de ancianos donde han dejado morir, a muchos de ellos, sin la asistencia adecuada, la falta de camas en general y de las de UCI en particular, han tenido mucho que ver, en definitiva, la falta de medios.

En el punto álgido de la pandemia, se nos decía que la mascarilla no era tan importante y, curiosamente, en la fase de retroceso se establece la mascarilla obligatoria en muchas circunstancias y se recomienda su uso en general, sin duda que desde el principio era necesaria pero ¿cómo vas a obligar la mascarilla, si no las tienes? Una vez más, falta de medios, incluso para los sanitarios.

La primera lección que debemos aprender, es que la salud requiere una inversión muy importante en medios, hay que aumentar en lo posible los presupuestos destinados a la sanidad pública. Si invertimos lo suficiente para estar al día en listas de espera y urgencias en todas las comunidades, estaremos siempre bien, o cuando menos mejor, preparados para emergencias como la pasada.

Son necesarios más medios, además de las reformas necesarias, para eliminar burocratización y mejorar en la eficiencia y en la motivación, sacarle un buen rendimiento a los medios. Nuestro territorio, Gipuzkoa, ha respondido muy bien a esta situación.

Enrique Samaniego Arrillaga

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